No sabría decirle con exactitud a qué velocidad venía, pero era demasiado rápido. El paso de los años en la Fórmula 1 permitió ver más accidentes, pero éste… Este impacta hoy como cuando sucedió aquella vez. Fue en Alemania, durante el Gran Premio de 1976. Cuestión de segundos nomás, pasó la curva, perdió el control de la nave y se fue contra la pared del costado, rebotó hacia el centro de la pista y una bola de fuego lo envolvió por completo. Sin ser suficiente, enseguida otro auto lo chocó de lleno, hasta el casco quedó partido. Pero no era su momento. Aunque el sacerdote se haya acercado para darle cauce a la extremaunción, a Niki Lauda todavía no le tocaba. Porque si después de esa breve e intensa cadena de acontecimientos se sobrevive para contarlo… Quizá ese día hubo sobreventa de pasajes, o justo se descompuso el tren de las nubes, nadie sabe, pero a él no lo esperaban por allá arriba, no tenía reserva ni habitación asegurada. Dos meses tardó en subirse otra vez a su coche. Ese año fue subcampeón Niki Lauda, pero sólo por culpa de estar fuera de las pistas durante esas seis semanas.
Fue penal. ¿Fue penal? Y sí, porque el gol fue de penal. ¿Pero qué vio el hombrecito de negro que ninguno vimos? Vio penal. Y lo cobró. Y nos quedamos vacíos. Ya estábamos vacíos, porque llegamos hasta ahí cada vez con menos contenido. Desde el inicio fue un Mundial raro. Encontramos nombres por muchos desconocidos que pasaron de largo después de concluido. Gustavo Dezotti, Juan Simón, Pedro Monzón, José Tiburcio Serrizuela, hasta el "Patón" Edgardo Bauza estaba dentro del plantel de jugadores. Ahora los menciono y asentimos con la cabeza, pero en 1990 hasta Abel Balbo era nuevo en el seleccionado. Y todos bajo las órdenes del "entrenador" Carlos Salvador Bilardo. ¿Qué había que esperar de todo eso? Llegamos a la final a los arañazos. Los dos goles de Caniggia, uno a Brasil y otro a Italia, son los únicos que recordamos... Porque no hubo otros. Y postales por supuesto como las maldiciones de Diego cuando no se respetó nuestro himno, y las lágrimas otra vez de Diego cuando quedamos en el segundo puesto. Porque el árbitro, el hombrecito de negro, el uruguayo nacionalizado mexicano Codesal vio penal, y entonces sancionó y fue gol del único penal que las manos de Goyco no llegaron por poquito a arañar.