martes, 13 de diciembre de 2011

Algún Dios aparte

No sabría decirle con exactitud a qué velocidad venía, pero era demasiado rápido. El paso de los años en la Fórmula 1 permitió ver más accidentes, pero éste… Este impacta hoy como cuando sucedió aquella vez. Fue en Alemania, durante el Gran Premio de 1976. Cuestión de segundos nomás, pasó la curva, perdió el control de la nave y se fue contra la pared del costado, rebotó hacia el centro de la pista y una bola de fuego lo envolvió por completo. Sin ser suficiente, enseguida otro auto lo chocó de lleno, hasta el casco quedó partido. Pero no era su momento. Aunque el sacerdote se haya acercado para darle cauce a la extremaunción, a Niki Lauda todavía no le tocaba. Porque si después de esa breve e intensa cadena de acontecimientos se sobrevive para contarlo… Quizá ese día hubo sobreventa de pasajes, o justo se descompuso el tren de las nubes, nadie sabe, pero a él no lo esperaban por allá arriba, no tenía reserva ni habitación asegurada. Dos meses tardó en subirse otra vez a su coche. Ese año fue subcampeón Niki Lauda, pero sólo por culpa de estar fuera de las pistas durante esas seis semanas.





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