martes, 13 de diciembre de 2011

Algún Dios aparte

No sabría decirle con exactitud a qué velocidad venía, pero era demasiado rápido. El paso de los años en la Fórmula 1 permitió ver más accidentes, pero éste… Este impacta hoy como cuando sucedió aquella vez. Fue en Alemania, durante el Gran Premio de 1976. Cuestión de segundos nomás, pasó la curva, perdió el control de la nave y se fue contra la pared del costado, rebotó hacia el centro de la pista y una bola de fuego lo envolvió por completo. Sin ser suficiente, enseguida otro auto lo chocó de lleno, hasta el casco quedó partido. Pero no era su momento. Aunque el sacerdote se haya acercado para darle cauce a la extremaunción, a Niki Lauda todavía no le tocaba. Porque si después de esa breve e intensa cadena de acontecimientos se sobrevive para contarlo… Quizá ese día hubo sobreventa de pasajes, o justo se descompuso el tren de las nubes, nadie sabe, pero a él no lo esperaban por allá arriba, no tenía reserva ni habitación asegurada. Dos meses tardó en subirse otra vez a su coche. Ese año fue subcampeón Niki Lauda, pero sólo por culpa de estar fuera de las pistas durante esas seis semanas.





sábado, 10 de diciembre de 2011

Doce pasos

Fue penal. ¿Fue penal? Y sí, porque el gol fue de penal. ¿Pero qué vio el hombrecito de negro que ninguno vimos? Vio penal. Y lo cobró. Y nos quedamos vacíos. Ya estábamos vacíos, porque llegamos hasta ahí cada vez con menos contenido. Desde el inicio fue un Mundial raro. Encontramos nombres por muchos desconocidos que pasaron de largo después de concluido. Gustavo Dezotti, Juan Simón, Pedro Monzón, José Tiburcio Serrizuela, hasta el "Patón" Edgardo Bauza estaba dentro del plantel de jugadores. Ahora los menciono y asentimos con la cabeza, pero en 1990 hasta Abel Balbo era nuevo en el seleccionado. Y todos bajo las órdenes del "entrenador" Carlos Salvador Bilardo. ¿Qué había que esperar de todo eso? Llegamos a la final a los arañazos. Los dos goles de Caniggia, uno a Brasil y otro a Italia, son los únicos que recordamos... Porque no hubo otros. Y postales por supuesto como las maldiciones de Diego cuando no se respetó nuestro himno, y las lágrimas otra vez de Diego cuando quedamos en el segundo puesto. Porque el árbitro, el hombrecito de negro, el uruguayo nacionalizado mexicano Codesal vio penal, y entonces sancionó y fue gol del único penal que las manos de Goyco no llegaron por poquito a arañar.





viernes, 11 de noviembre de 2011

Nicolino

Cada vez somos más los que estuvimos presentes aquella noche. Nadie quiso perderse la velada, nadie quiere creer que no fue testigo del momento. Y el transcurso del tiempo se encargó de desfigurar más y más el rostro de la víctima que cayó derrotada en aquél Luna repleto. Porque a Nicolino lo vimos pelear todos, desde los que no tenían lugar en las tribunas hasta los que aún no habían nacido. El Intocable en esa ocasión tampoco defraudó, y esquivó guantes a montones con su inequívoca flexibilidad. Y respondió con esos rápidos golpes cortos, izquierda, izquierda, derecha, que en la suma provocaron otra vez una montaña de dolor. Nicolino esa vez también retuvo su título mundial, y todos estuvimos allí. Delirando como público futbolero en un deporte que no estaba acostumbrado a tal. Público que ahora, gracias a él, incluía mujeres que se acercaban a pesar de ser una actividad tan cuestionada. Un público que ignoraba que minutos antes de subir al ring, entre tanta algarabía, él estaba recostado en el vestuario, sobre su camilla durmiendo. Y al que minutos después, en medio de algún round cualquiera, él le regalaría saludos, guiños y sonrisas. Nicolino fue cuestionado, cuándo no, por bailar y defenderse tan bien arriba del escenario. Nicolino murió temprano, a los 66 años, quizás por muchos olvidado. Nicolino pisó firme y estampó su huella de gigante entre los pequeños welter junior del mundo cuadrilátero.


Nicolino Locche Campeón del Mundo en Japón, 1968.
Ahí también estuvimos todos...