Fue penal. ¿Fue penal? Y sí, porque el gol fue de penal. ¿Pero qué vio el hombrecito de negro que ninguno vimos? Vio penal. Y lo cobró. Y nos quedamos vacíos. Ya estábamos vacíos, porque llegamos hasta ahí cada vez con menos contenido. Desde el inicio fue un Mundial raro. Encontramos nombres por muchos desconocidos que pasaron de largo después de concluido. Gustavo Dezotti, Juan Simón, Pedro Monzón, José Tiburcio Serrizuela, hasta el "Patón" Edgardo Bauza estaba dentro del plantel de jugadores. Ahora los menciono y asentimos con la cabeza, pero en 1990 hasta Abel Balbo era nuevo en el seleccionado. Y todos bajo las órdenes del "entrenador" Carlos Salvador Bilardo. ¿Qué había que esperar de todo eso? Llegamos a la final a los arañazos. Los dos goles de Caniggia, uno a Brasil y otro a Italia, son los únicos que recordamos... Porque no hubo otros. Y postales por supuesto como las maldiciones de Diego cuando no se respetó nuestro himno, y las lágrimas otra vez de Diego cuando quedamos en el segundo puesto. Porque el árbitro, el hombrecito de negro, el uruguayo nacionalizado mexicano Codesal vio penal, y entonces sancionó y fue gol del único penal que las manos de Goyco no llegaron por poquito a arañar.
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